15 de septiembre de 2009

El totalitarismo (Guia)


TOTALITARISMO


Según Diccionario de Política, Norberto Bobbio, Nicola Matteucci y Gianfranco Pasquino. 10ª edición, Siglo Veintiuno
Editores, tomo 2, páginas 1586-1587.

CONCLUSIÓN. Radicalizando las críticas a las que se ha visto sometida la noción, algunos autores sostienen que “t.” (totalitarismo) es un epíteto emotivo de la lucha ideológica y política más que un concepto descriptivo de la ciencia; que ha tenido esencialmente la función de justificar la política norteamericana durante la guerra fría, y que conviene por lo tanto expulsarlo del léxico del análisis político. Esta acusación no es incorrecta en cuanto a su contenido, pero va más allá de lo que significa. Por una parte es difícil negar que la noción de t. se haya sometido a relevantes y tenaces usos ideológicos en el periodo de la guerra fría, pero, por otra parte, lo que estaba en juego en esta instrumentalización ideológica era la extensión del campo de aplicación del concepto de t. y no el concepto en cuanto tal. Ampliar el nombre de “t.” a todos los sistemas comunistas tuvo el significado político ideológico de atraer sobre el enemigo el desprecio y la hostilidad que la palabra lleva consigo, porque designa por excelencia -en su significado ya consolidado- experiencias políticas particulares del pasado reciente, que se hicieron objeto de una condena casi unánime.

De por sí, el concepto de t., una vez que se ha reducido a su función de representar esas experiencias políticas y sólo ésas, no produce ninguna deformación ideológica sino que constituye un importante instrumento descriptivo, que tiene todas las características para formar parte del vocabulario del análisis político. Designa en efecto cierto modo extremo de hacer política en las sociedades de masa, muy real y claramente identificable, que se manifestó en nuestro siglo con rasgos de novedad de gran importancia histórica. Retornando y resumiendo los puntos más eficaces de las teorías y de las revisiones críticas del t., que expuse anteriormente, creo que el fenómeno se puede describir sintéticamente basándose en su naturaleza específica, en los elementos constitutivos que contribuyen a formarlo y en las condiciones que lo hicieron posible en nuestro tiempo. La naturaleza específica del t. debe encontrarse en una característica ampliamente reconocida en la literatura y a la que alude la palabra misma: la penetración y la movilización total del cuerpo social, con la destrucción de todas las líneas establecidas de distinción entre el aparato político y la sociedad. Es importante señalar la unión entre el grado de penetración y el grado de movilización, porque la acción totalitaria penetra en la sociedad hasta sus células más escondidas, precisamente porque la envuelve totalmente en un movimiento político permanente. Los elementos constitutivos del t. son la ideología, el partido único, el dictador, el terror. La ideología totalitaria proporciona una explicación indiscutible del curso histórico, una crítica radical de la situación existente y una guía para su transformación igualmente radical, y, al orientar la acción hacia un objetivo sustancial (la supremacía de la raza elegida o la sociedad comunista), más que hacia instituciones o formas jurídicas, justifica un movimiento continuo hacia el fin y la destrucción o instrumentalización de cualquier institución y del mismo ordenamiento jurídico.

El partido único, animado por la ideología, se opone y se sobrepone a la organización del estado, trastornando la autoridad y el comportamiento regular y previsible, y politiza los más diversos grupos y las más diversas actividades sociales, minando sus lealtades y los criterios de comportamiento para subordinarlos a los principios y a los imperativos ideológicos. El dictador totalitario ejerce un poder absoluto sobre la organización del régimen, haciendo fluctuar a su gusto las jerarquías, y sobre la ideología, de cuya interpretación y aplicación el dictador es el depositario exclusivo, y con su voluntad arbitraria, sus tácticas acomodaticias para conservar el poder personal y el impacto de los rasgos característicos de su personalidad, garantiza e intensifica al máximo la imprevisibilidad y el movimiento incensante de la acción totalitaria. El terror totalitario que se ve liberado conjuntamente por el movimiento de transformación radical impuesto por la ideología y por la lógica de la personalización del poder, inhibe toda oposición y aun las críticas más débiles, y genera coercitivamente la adhesión y el apoyo activo de las masas al régimen y al jefe personal. Las condiciones que hicieron posible el t. son la formación de la sociedad industrial de masa, la persistencia de un ámbito mundial dividido y el desarrollo de la tecnología moderna. Por un lado el impacto de la industrialización en las grandes sociedades modernas, dentro del marco de un ámbito mundial inseguro y amenazador, permite y favorece la combinación de la penetración y de la movilización total del cuerpo social. Por el otro lado el impacto del desarrollo tecnológico sobre los instrumentos de la violencia, los medios de comunicación, las técnicas organizativas y las de supervisión y de control permiten un grado máximo de penetración-movilización monopolista de la sociedad, sin precedentes en la historia.

La dinámica de ruptura de la política totalitaria se llevó a cabo hasta ahora en las fases del desarrollo más intenso del dominio staliniano en Rusia y del hitleriano en Alemania. A este propósito convendría recordar dos puntos: el primero, que se deriva directamente de la afirmación anterior, es que el concepto de t. no puede aplicarse a todos los regímenes comunistas ni a todos los regímenes fascistas; el segundo es que no se puede deducir del hecho de que el t. se haya puesto en práctica en un sistema fascista y en uno comunista la conclusión de una similitud fundamental entre el fascismo y el comunismo. En cuanto al segundo punto, anteriormente enumeramos las profundas diferencias ideológicas, sociales, de orientación política y de dinámica evolutiva, que hacen que el fascismo y el comunismo sean dos fenómenos políticos radicalmente diferentes y opuestos; con el corolario de que el surgimiento de la política totalitaria en determinados periodos de la historia de la Rusia soviética y de la Alemania nazi tuvieron un trasfondo de condiciones económico-sociales y una finalización concomitante del impulso movilizador de la sociedad, que eran decididamente diversos. En cuanto al primer punto ya expusimos las múltiples razones que impiden extender el concepto de t. a todos los sistemas comunistas, incluyendo las dictaduras soviéticas pre y post-stalinianas.

Es oportuno en cambio añadir algo más para justificar la afirmación de que tampoco era totalitario el fascismo italiano, que no obstante algunos consideran el tercer prototipo de t. y a partir del cual se originó el nombre mismo de totalitarismo. En la Italia fascista la penetración-movilización de la sociedad no se pudo comparar nunca con la alcanzada por el régimen hitleriano y por el staliniano, y nunca existieron, en su dimensión específica, los elementos constitutivos del t. La ideología tuvo más bien por objeto manifestar el sentimiento de comunión de los miembros del partido que el de ser instrumento de guía persistente de la acción política, y, a falta del componente de la supremacía de la raza elegida, no se planteó una transformación radical del orden social. El partido fascista fue una organización más bien débil, ante la cual la burocracia del estado, la magistratura y el ejército conservaron gran parte de su autonomía, y cuya acción de adoctrinamiento ideológico fue limitada y entró en negociaciones católicas. El terror totalitario casi estuvo totalmente ausente. Se presentó en cambio la personificación del poder, aunque no se llevó hasta el punto de socavar la institución de la monarquía sino que, precisamente por la falta de los elementos constitutivos del t., Mussolini no pudo nunca reunir en sus manos un poder comparable con el de Hitler o de Stalin. Siguiendo el hilo de estas consideraciones finales podemos establecer -en síntesis- las siguientes proposiciones acerca de la validez y la utilidad del concepto de t.: designa cierto modo extremo de hacer política más que una cierta organización institucional, un cierto régimen; este modo extre-mo de hacer política, que penetra y moviliza a toda la sociedad por entero destruyendo su autonomía, se encarnó en dos regímenes políticos únicos temporalmente circunscritos; por estas dos razones el concepto de t. tiene un valor muy limitado en el análisis comparado de los sistemas políticos, aun-que es, sin embargo, un concepto importante del que no podemos ni debemos prescindir porque denota una experiencia política real, nueva y de gran relieve, que dejó una huella indeleble en la historia y en la conciencia de los hombres del siglo XX”.


Análisis de Texto:

1. ¿En qué contexto aparece la idea de totalitarismo?
2. ¿Cuáles son las implicancias que ha tenido el concepto de totalitarismo?
3. Desde el punto de vista de la identidad, ¿Qué consecuencias trajo la denominación de totalitario?
4. ¿En que tipo de sociedades el totalitarismo es aplicable?
5. ¿Cuál sería la principal característica del totalitarismo, tomando en cuenta el aparato político y la sociedad?
6. ¿Cuáles son los elementos constitutivos del totalitarismo?
7. ¿Qué explicación proporciona la ideología totalitaria?
8. ¿Cómo se presenta la relación entre las instituciones jurídicas en una sociedad y la práctica totalitaria?
9. Explica el rol del dictador en un régimen totalitario
10. ¿Qué condiciones hicieron posible la aparición del totalitarismo?
11. ¿Cuáles serían las diferencias entre el totalitarismo nazi y comunista y el fascismo italiano?

Bienvenido.

Claudio Villarroel Vidal cvillarroelvidal@gmail.com Deja tu comentario u aporte.