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2 de junio de 2009

EDAD MEDIA (APROXIMACION TEORICA)


EDAD MEDIA


Edad media, término utilizado para referirse a un periodo de la historia europea, que transcurre desde la desintegración del Imperio romano de Occidente, en el siglo V, hasta el siglo XV. No obstante, las fechas anteriores no han de ser tomadas como referencias fijas: nunca ha existido una brusca ruptura en el desarrollo cultural del continente. Parece que el término lo empleó por vez primera el historiador Flavio Biondo de Forli, en su obra Historiarum ab inclinatione romanorun imperii decades (Décadas de historia desde la decadencia del Imperio romano), publicada en 1438 aunque fue escrita treinta años antes. El término implicó en su origen una parálisis del progreso, considerando que la edad media fue un periodo de estancamiento cultural, ubicado cronológicamente entre la gloria de la antigüedad clásica y el renacimiento. La investigación actual tiende, no obstante, a reconocer este periodo como uno más de los que constituyen la evolución histórica europea, con sus propios procesos críticos y de desarrollo. Se divide generalmente la edad media en tres épocas.
Inicios de la edad media

Ningún evento concreto determina el fin de la antigüedad y el inicio de la edad media: ni el saqueo de Roma por los godos dirigidos por Alarico I en el 410, ni el derrocamiento de Rómulo Augústulo (último emperador romano de Occidente) fueron sucesos que sus contemporáneos consideraran iniciadores de una nueva época.
La culminación a finales del siglo V de una serie de procesos de larga duración, entre ellos la grave dislocación económica y las invasiones y asentamiento de los pueblos germanos en el Imperio romano, hizo cambiar la faz de Europa. Durante los siguientes 300 años Europa occidental mantuvo una cultura primitiva aunque instalada sobre la compleja y elaborada cultura del Imperio romano, que nunca llegó a perderse u olvidarse por completo.
Fragmentación de la autoridad

Durante este periodo no existió realmente una maquinaria de gobierno unitaria en las distintas entidades políticas, aunque la poco sólida confederación de tribus permitió la formación de reinos. El desarrollo político y económico era fundamentalmente local y el comercio regular desapareció casi por completo, aunque la economía monetaria nunca dejó de existir de forma absoluta. En la culminación de un proceso iniciado durante el Imperio romano, los campesinos comenzaron a ligarse a la tierra y a depender de los grandes propietarios para obtener su protección y una rudimentaria administración de justicia, en lo que constituyó el germen del régimen señorial. Los principales vínculos entre la aristocracia guerrera fueron los lazos de parentesco aunque también empezaron a surgir las relaciones feudales. Se ha considerado que estos vínculos (que relacionaron la tierra con prestaciones militares y otros servicios) tienen su origen en la antigua relación romana entre patrón y cliente o en la institución germánica denominada comitatus (grupo de compañeros guerreros). Todos estos sistemas de relación impidieron que se produjera una consolidación política efectiva.
La Iglesia
La única institución europea con carácter universal fue la Iglesia, pero incluso en ella se había producido una fragmentación de la autoridad. Todo el poder en el seno de la jerarquía eclesiástica estaba en las manos de los obispos de cada región. El papa tenía una cierta preeminencia basada en el hecho de ser sucesor de san Pedro, primer obispo de Roma, a quien Cristo le había otorgado la máxima autoridad eclesiástica. No obstante, la elaborada maquinaria del gobierno eclesiástico y la idea de una Iglesia encabezada por el papa no se desarrollarían hasta pasados 500 años. La Iglesia se veía a si misma como una comunidad espiritual de creyentes cristianos, exiliados del Reino de Dios, que aguardaba en un mundo hostil el día de la salvación. Los miembros más destacados de esta comunidad se hallaban en los monasterios, diseminados por toda Europa y alejados de la jerarquía eclesiástica.
En el seno de la Iglesia hubo tendencias que aspiraban a unificar los rituales, el calendario y las reglas monásticas, opuestas a la desintegración y al desarrollo local. Al lado de estas medidas administrativas se conservaba la tradición cultural del Imperio romano. En el siglo IX, la llegada al poder de la dinastía Carolingia supuso el inicio de una nueva unidad europea basada en el legado romano, puesto que el poder político del emperador Carlomagno dependió de reformas administrativas en las que utilizó materiales, métodos y objetivos del extinto mundo romano.
Vida cultural

La actividad cultural durante los inicios de la edad media consistió principalmente en la conservación y sistematización del conocimiento del pasado y se copiaron y comentaron las obras de autores clásicos. Se escribieron obras enciclopédicas, como las Etimologías (623) de san Isidoro de Sevilla, en las que su autor pretendía compilar todo el conocimiento de la humanidad. En el centro de cualquier actividad docta estaba la Biblia: todo aprendizaje secular llegó a ser considerado como una mera preparación para la comprensión del Libro Sagrado.
Esta primera etapa de la edad media se cierra en el siglo X con las segundas migraciones germánicas e invasiones protagonizadas por los vikingos procedentes del norte y por los magiares de las estepas asiáticas, y la debilidad de todas las fuerzas integradoras y de expansión europeas al desintegrarse el Imperio Carolingio. La violencia y dislocamiento que sufrió Europa motivaron que las tierras se quedaran sin cultivar, la población disminuyera y los monasterios se convirtieran en los únicos baluartes de la civilización.
La alta edad media
Hacia mediados del siglo XI Europa se encontraba en un periodo de evolución desconocido hasta ese momento. La época de las grandes invasiones había llegado a su fin y el continente europeo experimentaba el crecimiento dinámico de una población ya asentada. Renacieron la vida urbana y el comercio regular a gran escala y se desarrolló una sociedad y cultura que fueron complejas, dinámicas e innovadoras. Este periodo se ha convertido en centro de atención de la moderna investigación y se le ha dado en llamar el renacimiento del siglo XII.
El poder papal
Durante la alta edad media la Iglesia católica, organizada en torno a una estructurada jerarquía con el papa como indiscutida cúspide, constituyó la más sofisticada institución de gobierno en Europa occidental. El papado no sólo ejerció un control directo sobre el dominio de las tierras del centro y norte de Italia sino que además lo tuvo sobre toda Europa gracias a la diplomacia y a la administración de justicia (en este caso mediante el extenso sistema de tribunales eclesiásticos). Además las órdenes monásticas crecieron y prosperaron participando de lleno en la vida secular. Los antiguos monasterios benedictinos se imbricaron en la red de alianzas feudales. Los miembros de las nuevas órdenes monásticas, como los cistercienses, desecaron zonas pantanosas y limpiaron bosques; otras, como los franciscanos, entregados voluntariamente a la pobreza, pronto empezaron a participar en la renacida vida urbana. La Iglesia ya no se vería más como una ciudad espiritual en el exilio terrenal, sino como el centro de la existencia. La espiritualidad altomedieval adoptó un carácter individual, centrada ritualmente en el sacramento de la eucaristía y en la identificación subjetiva y emocional del creyente con el sufrimiento humano de Cristo. La creciente importancia del culto a la Virgen María, actitud desconocida en la Iglesia hasta este momento, tenia el mismo carácter emotivo.
Aspectos intelectuales
Dentro del ámbito cultural, hubo un resurgimiento intelectual al prosperar nuevas instituciones educativas como las escuelas catedralicias y monásticas. Se fundaron las primeras universidades, se ofertaron graduaciones superiores en medicina, derecho y teología, ámbitos en los que fue intensa la investigación: se recuperaron y tradujeron escritos médicos de la antigüedad, muchos de los cuales habían sobrevivido gracias a los eruditos árabes y se sistematizó, comentó e investigó la evolución tanto del derecho canónico como del civil, especialmente en la famosa Universidad de Bolonia. Esta labor tuvo gran influencia en el desarrollo de nuevas metodologías que fructificarían en todos los campos de estudio. El escolasticismo se popularizó, se estudiaron los escritos de la Iglesia, se analizaron las doctrinas teológicas y las practicas religiosas y se discutieron las cuestiones problemáticas de la tradición cristiana. El siglo XII, por tanto, dio paso a una época dorada de la filosofía en Occidente.
Innovaciones artísticas


También se produjeron innovaciones en el campo de las artes creativas. La escritura dejó de ser una actividad exclusiva del clero y el resultado fue el florecimiento de una nueva literatura, tanto en latín como, por primera vez, en lenguas vernáculas. Estos nuevos textos estaban destinadas a un público letrado que poseía educación y tiempo libre para leer. La lírica amorosa, el romance cortesano y la nueva modalidad de textos históricos expresaban la nueva complejidad de la vida y el compromiso con el mundo secular. En el campo de la pintura se prestó una atención sin precedentes a la representación de emociones extremas, a la vida cotidiana y al mundo de la naturaleza. En la arquitectura, el románico alcanzó su perfección con la edificación de incontables catedrales a lo largo de rutas de peregrinación en el sur de Francia y en España, especialmente el Camino de Santiago, incluso cuando ya comenzaba a abrirse paso el estilo gótico que en los siguientes siglos se convertiría en el estilo artístico predominante.
La nueva unidad europea
Durante el siglo XIII se sintetizaron los logros del siglo anterior. La Iglesia se convirtió en la gran institución europea, las relaciones comerciales integraron a Europa gracias especialmente a las actividades de los banqueros y comerciantes italianos, que extendieron sus actividades por Francia, Inglaterra, Países Bajos y el norte de África, además de por las tierras imperiales de Alemania. Los viajes, bien por razones de estudio o por motivo de una peregrinación fueron más habituales y cómodos. También fue el siglo de las Cruzadas; estas guerras, iniciadas a finales del siglo XI, fueron predicadas por el papado para liberar los Santos Lugares cristianos en el Oriente Próximo que estaban en manos de los musulmanes. Concebidas según el derecho canónico como peregrinaciones militares, los llamamientos no establecían distinciones sociales ni profesionales. Estas expediciones internacionales fueron un ejemplo más de la unidad europea centrada en la Iglesia, aunque también influyó el interés de dominar las rutas comerciales de Oriente. La alta edad media culminó con los grandes logros de la arquitectura gótica, los escritos filosóficos de santo Tomás de Aquino y la visión imaginativa de la totalidad de la vida humana, recogida en la Divina comedia de Dante Alighieri.
La baja edad media
Si la alta edad media estuvo caracterizada por la consecución de la unidad institucional y una síntesis intelectual, la baja edad media estuvo marcada por los conflictos y la disolución de dicha unidad. Fue entonces cuando empezó a surgir el Estado moderno —aún cuando éste en ocasiones no era más que un incipiente sentimiento nacional— y la lucha por la hegemonía entre la Iglesia y el Estado se convirtió en un rasgo permanente de la historia de Europa durante algunos siglos posteriores. Pueblos y ciudades continuaron creciendo en tamaño y prosperidad y comenzaron la lucha por la autonomía política. Este conflicto urbano se convirtió además en una lucha interna en la que los diversos grupos sociales quisieron imponer sus respectivos intereses.
Inicios de la ciencia política
Una de las consecuencias de esta pugna, particularmente en las corporaciones señoriales de las ciudades italianas, fue la intensificación del pensamiento político y social que se centró en el Estado secular como tal, independiente de la Iglesia.
La independencia del análisis político es sólo uno de los aspectos de una gran corriente del pensamiento bajomedieval y surgió como consecuencia del fracaso del gran proyecto de la filosofía altomedieval que pretendía alcanzar una síntesis de todo el conocimiento y experiencia tanto humano como divino.
La nueva espiritualidad

Aunque este desarrollo filosófico fue importante, la espiritualidad de la baja edad media fue el auténtico indicador de la turbulencia social y cultural de la época. Esta espiritualidad estuvo caracterizada por una intensa búsqueda de la experiencia directa con Dios, bien a través del éxtasis personal de la iluminación mística, o bien mediante el examen personal de la palabra de Dios en la Biblia. En ambos casos, la Iglesia orgánica —tanto en su tradicional función de intérprete de la doctrina como en su papel institucional de guardián de los sacramentos— no estuvo en disposición de combatir ni de prescindir de este fenómeno.
Toda la población, laicos o clérigos, hombres o mujeres, letrados o analfabetos, podían disfrutar potencialmente una experiencia mística. Concebida ésta como un don divino de carácter personal, resultaba totalmente independiente del rango social o del nivel de educación pues era indescriptible, irracional y privada. Por otro lado, la lectura devocional de la Biblia produjo una percepción de la Iglesia como institución marcadamente diferente a la de anteriores épocas en las que se la consideraba como algo omnipresente y ligado a los asuntos terrenales. Cristo y los apóstoles representaban una imagen de radical sencillez y al tomar la vida de Cristo como modelo de imitación, hubo personas que comenzaron a organizarse en comunidades apostólicas. En ocasiones se esforzaron por reformar la Iglesia desde su interior para conducirla a la pureza y sencillez apostólica, mientras que en otras ocasiones se desentendieron simplemente de todas las instituciones existentes.
En muchos casos estos movimientos adoptaron una postura apocalíptica o mesiánica, en particular entre los sectores más desprotegidos de las ciudades bajomedievales, que vivían en una situación muy difícil. Tras la aparición catastrófica de la peste negra, en la década de 1340, que acabó con la vida de una cuarta parte de la población europea, bandas de penitentes, flagelantes y de seguidores de nuevos mesías recorrieron toda Europa, preparándose para la llegada de la nueva época apostólica.
Esta situación de agitación e innovación espiritual desembocaría en la Reforma protestante; las nuevas identidades políticas conducirían al triunfo del Estado nacional moderno y la continua expansión económica y mercantil puso las bases para la transformación revolucionaria de la economía europea. De este modo las raíces de la edad moderna pueden localizarse en medio de la disolución del mundo medieval, en medio de su crisis social y cultural.

PARA UN ACERCAMIENTO ACERCA DEL FEUDALISMO (EDAD MEDIA)


El Feudalismo
Se denomina feudalismo a la organización social, política y económica basada en el feudo que predominó en la Europa occidental entre los siglos IX y XV. Se trataba de propiedades de terrenos cultivadas principalmente por siervos, parte de cuya producción debía ser entregada en concepto de "censo" (arriendo) al amo de las tierras, en la mayoría de los casos un pequeño noble (señor) nominalmente leal a un rey.
Designación de feudalismo
Existen en general dos definiciones de feudalismo:
- Definición institucionalista (por F.L. Ganshof): Designa un conjunto de instituciones que respaldan compromisos generalmente militares, entre un hombre libre, el vasallo (vasallus, vassus) y un hombre libre en situación superior (señior, dominus). El primero recibe del según un feudo (feodum, feudum), para su mantenimiento.
- Definición Marxista (por P. Vilar): Un modo de producción con unas peculiares formas de relación socioeconómica, situado entre el esclavismo de la antigüedad y el capitalismo moderno y, también,
formación económico social establecida como resultado de la descomposición y hundimiento del régimen esclavista o del régimen de la comunidad primitiva[1]
La postura habitual entre los medievalistas distingue dos procesos:
- Un complejo de compromisos militares, que, junto con la disgregación del poder político, conlleva una privatización de funciones públicas en beneficio de una minoría de libres privilegiados.
- Un conjunto de relaciones de producción y dependencia entre el campesino y el señor, propietario de la tierra que aquél usufructúa, en un momento de predominio de la agricultura como fuente de riqueza.
Antecedentes
El sistema feudal europeo tiene sus antecedentes en el siglo V, al caer el Imperio romano. El colapso del Imperio acaeció básicamente por su extensión y la incapacidad del emperador para controlar todas sus provincias, sumado a las cada vez más numerosas incursiones de pueblos bárbaros que atacaban y saqueaban las provincias más retiradas del imperio. Esto provocó que los emperadores necesitaban gente para defender sus grandes terrenos y contrataban caballeros o señores feudales, éstos contrataban vasallos, villanos, etc... Se llegó incluso a contratar a jefes y tropas mercenarias de los mismos pueblos "bárbaros".
A partir del siglo X no queda resto de imperio alguno sobre Europa. La realeza, sin desaperecer, ha perdido todo el poder real y efectivo, y sólo conserva una autoridad sobrenatural remarcada por las leyendas que le atribuyen carácter religioso o de intermediación entre lo divino y lo humano. Así, el rey no gobierna, sino que su autoridad viene, a los ojos del pueblo, de Dios, y es materializado e implementado a través de los pactos de vasallaje con los grandes señores, aunque en realidad son éstos quienes eligen y deponen dinastías y personas. En el plano micro, los pequeños nobles mantienen tribunales feudales (en el caso clásico francés la extensión de un feudo no es más que la mitad de lo que se puede recorrer a caballo en un día) que en la práctica compartimentalizan el poder estatal en pequeñas células.
Un nuevo poder
La Iglesia Católica, conocedora de la fragilidad de los reinos y del poder que ella misma tiene en esa situación, durante los concilios de Charroux y de Puy consagra a los prelados y señores como jefes sociales y sanciona con graves penas la desobediencia de estas normas. Los señores, a partir de ese momento, "reciben el poder de Dios" y deben procurar la paz entre ellos, pacto que deben renovar generación tras generación.
Se conforma así un modelo en el que la "gente armada" (conforme al modelo indoeuropeo de los tres órdenes de "oradores", el clero, guerreros, la aristocracia, y trabajadores) adquiere determinados compromisos sobre la base de juramentos y deben proteger el orden creado, y los eclesiásticos que forman la moral social y se encuentran salvaguardados por los señores.
Hay que destacar que el feudalismo es uno de los modos de producción tipificados en la propuesta teórica económica-social de Karl Marx.
Entorno, tareas y división de la nueva sociedad
El castillo, (que en los países del norte era en un principio de madera y más tarde reforzado, y en los del sur de Europa, de obra de fábrica), encaramado sobre un alto, será la representación del poder y la fuerza. En principio, baluarte que se daban las poblaciones para protegerse de las depredaciones. Luego, hogar del señor y lugar de protección de los vasallos en los conflictos. Desde allí se administra justicia a todos cuantos se encuentran sujetos. En un principio, las personas libres están sometidos a unas mínimas normas de obediencia, defensa mutua y servicios prometidos. Los demás son siervos.
En los países donde la dominación romana duró más tiempo (Italia, Hispania, Provenza), las ciudades se conservan, si bien con menor importancia numérica, pero a salvo de señoríos. En los países, más al norte, donde los romanos se asentaron menos tiempo o con menor intensidad, la reducción de la población en las ciudades llegó a hacer desaparecer los pocos núcleos importantes que había y el feudalismo (al cabo traído por las tribus germánicas que invadieron el Imperio) se implanta con más fuerza.
La sociedad se encuentra entonces con tres órdenes que, según la propia Iglesia, son mandatos de Dios y, por tanto, fronteras sociales que nadie puede cruzar. La primera clase u orden es la de los que sirven a Dios, cuya función es la salvación de todas las almas y que no pueden encomendar su tiempo a otra tarea. La segunda clase es la de los combatientes, aquellos cuya única misión es proteger a la comunidad y conservar la paz. La tercera clase es la de los que laboran, que con su esfuerzo y trabajo deben mantener a las otras dos clases.


El homenaje

El homenaje era un ritual por el que un señor concedía un feudo a otro hombre de la clase privilegiada a cambio de unos servicios y prestaciones, generalmente de orden militar.
La figura del homenaje adquiere mayor relevancia entre los siglos XI al XIII, destinándose la parte más noble del castillo para ello, la torre, y en el ceremonial participaban dos hombres: el vasallo que, arrodillado, destocado y desarmado frente al señor[2] con las manos unidas en prueba de humildad y sometimiento, espera que éste le recoja y lo alce, dándose ambos un reconocimiento mutuo de apoyo y un juramento de fidelidad. El señor le entregará el feudo en pago por sus servicios futuros, que generalmente consistía en bienes inmuebles: grandes extensiones de terreno, casi siempre de labranza. El juramento y el vasallaje será de por vida.
La investidura
La entrega del feudo o algún elemento que lo represente constituye la investidura y se realizaba inmediatamente después del homenaje. El régimen jurídico de entrega es, de forma general, un usufructo vitalicio, aunque también podía ser en bienes materiales, pero que con el tiempo se convirtió en una ligazón de familias entre el señor y sus vasallos, pudiendo heredarse el feudo siempre que los herederos renovaran sus votos con el señor.
Los estamentos sociales
La división en tres órdenes se subdividía a su vez en estamentos compactos y perfectamnete delimitados.
En una primera división, se encuentra el grupo de los privilegiados, todos ellos señores, eclesiásticos o caballeros. En la cúspide se encontraba el Rey, después el Alto Clero integrado por arzobispos, obispos y abades y el Bajo Clero formado por los curas y sacerdotes, y por últimno la nobleza. Es este grupo de privilegiados el que forma los señores y los caballeros, y estos últimos a su vez podían ser señores de otros caballeros, dependiendo de su poder y de la capacidad de subinfeudar sus tierras. El Alto Clero, además de las tareas que dentro de los tres órdenes le habían sido encomendadas la guía espiritual y sostener la doctrina moral que mantenía el feudalismo, podían ser a su vez señores y entregar parte de sus bienes para la defensa de su comunidad. Los privilegiados no pagaban impuestos.
Los no privilegiados eran la burguesía, los artesanos, los sirvientes y los campesinos, que se subdividían a su vez en colonos y aldeanos. A estos correspondía el sometimiento a la tierra y, por tanto, a quien de ella dependiera, trabajándola y entregando una parte de sus frutos al señor, o bien, en el caso de artesanos y burgueses, debían obediencia a quien les garantizaba la defensa de la ciudad y la entrega de bienes o dinero.
Los eclesiásticos
El Alto Clero estuvo siempre dominado por el episcopado, cuyos poderes terrenales erán equiparables a los de cualquier señor laico. En un primer momento, los monjes, todos pertenecientes al Bajo Clero, quedaban dentro del ámbito de poder de los obispos; más tarde, serían los abades quienes terminarían por delimitar su autoridad sobre los miembros de las órdenes monásticas, quedando los sacerdotes en el ámbito de la diócesis episcopal.
En las abadías, se fueron perfilando modelos distintos: por un lado, aquellas que no eran poseedoras de grandes propiedades y que dependían para su supervivencia de las limosnas de los fieles y de algunos predios entregados por los señores del lugar para gantizar el sustento de la comunidad religiosa. La necesidad de dinero favorece que sea en este momento en el que la figura de la limosna es ensalzada como deber fundamental para el creyente y camino para la salvación del alma.
Otros monasterios poseían extensas propiedades y el abad actuaba como un señor feudal, en algunos casos incluso nombrando caballeros que le protejan o favoreciendo la creación de órdenes religioso-militares de gran poder. Sea como fuere, en estos el dinero proviene de las rentas que son entregadas por los siervos, generalmente en especie, así como de las aportaciones, muchas de ellas generosas, y a veces interesadas, de otros señores. La necesidad de mantener una buena relación con el abad de un monasterio poderoso favorecerá que otros señores entreguen ofrendas de alto valor y ayuden a la construcción y embellecimiento de iglesias y catedrales que simbolizaban el poder.
El diferente destino de los eclesiásticos venía determinado por su ascedencia social. Se trata del estamento social más abierto, pues cualquier persona libre puede incorporarse al mismo pagando una cantidad de dinero dote. Este será el elemento que determine dentro del estamento la posición que, efectivamente, va a ocupar cada uno. Los hijos de los señores que se integran dentro de la iglesia aportarán cuantiosas sumas que garantizan, no solo su supervivencia de por vida, sino un incremento patrimonial notable para el cabildo catedralicio o monasterio en el que se integran, y un rango alto de los donantes dentro del sistema. Son estos los que ocuparán más tarde los cargos obispales. Por otro lado, los clérigos serán los hijos de los campesinos y, en general, de los no privilegiados, y cuyas funciones, además de las religiosas, estarán limitadas al ora et labora. Esta práctica degeneró en la practica de compraventa de cargos eclesiásticos llamada simonía
La caballería
La obligación primordial del vasallo era cumplir con los deberes militares, sobre todo la defensa del señor y sus bienes, pero también la defensa del propio feudo y a los siervos que en él se encontraban. Una obligación pareja era aportar una parte mínima de los tributos recaudados al señor para engrandecer sus propiedades. El caballero no tenía en realidad un dueño, ni estaba sometido a poder político alguno, de ahí que se encontrasen caballeros que luchaban en las filas de un rey un día, y al siguiente en las de otro. Su deber real era para con el señor a quien le unía un espíritu de camaradería.
En el siglo IX aún se usaba el término milites para hacer referencia a los caballeros, aunque pronto los idiomas locales fueron gestando términos propios que se agrupaban en "jinetes" o "caballeros". Su importancia fue en aumento al prescindirse cada vez más de la infantería. El caballero debía proveerse de caballo, armadura y armas, y disponer de tiempo de ocio para cumplir su misión.
Aunque abierto al principio, el estamento de los caballeros tendió a cerrarse, convirtiéndose en hereditario. Con el tiempo, los caballeros eran ordenados al terminar la adolescencia por un compañero de armas en una ceremonia sencilla. En este momento ya no importa la fortuna, sino la ascendencia, creándose diferencias notables entre los mismos. Los más pobres disponen de un pequeño terreno, y ocupan su tiempo entre las labores propias del campesino y la guerra. Los más poderosos, que disponene de tierras y fortuna, comenzarán a formar la auténtica nobleza, concentrando poder económico y militar.
La caballería en los reinos de Hispania
En los reinos peninsulares, los reyes, siempre necesitados de tropa para enfrentarse a los moros, promueven la caballería entre sus súbditos de modo muy sencillo: era caballero aquel capaz de mantener un caballo, cosa para la que se requería una mínima fortuna, pues el caballo no sirve para las tareas del campo. Al cabo de tres o cuatro generaciones, manteniendo un caballo, se adquiría la calidad de hidalgo (hijo de alguien). Esta es la razón por la que Alonso Quijano, don Quijote, tuviera un caballo flaco: para seguir llamándose hidalgo y el hecho de que quisiera ser armado "caballero" una burla más de Cervantes que entendían quienes, en la época, sabían que hidalgo era más que caballero.
Tener un caballo suponía poder participar en las guerras del rey y, comportándose valientemente, tener la posibilidad de que el rey le concediera mercedes.
Esta organización mucho más permeable socialmente, tuvo dos consecuencias: fortalecer el poder real frente a los nobles, puesto que el rey tenía ejércitos sin necesitar su ayuda, y haciendo más fuerte el poder real, hacer más poderoso el país, como así ocurrió. Véanse las guerras civiles entre Pedro I de Castilla y su hermanastro Enrique, cómo el primero se apoya en las ciudades y el segundo en los nobles, pero cambia de bando hacia las ciudades cuando derrota y mata a Pedro.
Los no privilegiados
El conjunto de laicos libres que no pertenecen a la reducida categoría caballeresca son los no privilegiados en cuyo trabajo descansa el orden económico del feudalismo.
El más numeroso grupo lo forman los campesinos libres, que trabajan la tierra, generalmente ajena, o pequeñas parcelas propias. Entre estos siguen habiendo diferencias, según se sea labrador que dispone de una yunta de bueyes o mero peón. En algún caso singular, campesinos libres llegan a poseer grandes extensiones que les permitirán más tarde llegar a la condición de terratenientes y, de ahí, a nobles, pero serán situaciones excepcionales.
En cualquier caso, lo que les distingue como estamento, como siervos, es su situación de dependencia frente a un señor que no han elegido y que tiene sobre ellos el poder de distribuir la tierra, administrar justicia, determinar los tributos, exigirles obligaciones militares de custodia y protección del castillo y los bienes del señor y apropiarse de una parte sustancial de la renta, en bienes o dinero.
Economía Feudal
Las invasiones que sufre Europa durante más de cien años (normandos, musulmanes, eslavos) con la caída del Imperio romano y el posterior debilitamiento del Imperio Carolingio frenaran la actividad económica hasta las puertas del año 1000.
Es en este momento cuando se extienden modernas técnicas agrícolas que, aún existiendo anteriormente, habían quedado reducidas a pocos espacios territoriales. Entre ellos cabe destacar el aumento en el uso de los molinos de agua como fuerza motriz y de las acequias para riego, extendiendo los cultivos y liberando mano de obra. Además, mejoran los métodos de enganche de los animales, especialmente el caballo y el buey, cuya cría aumenta de manera notable y permitirá disponer de animales de tiro en abundancia. Los instrumentos de uso agrícola, como el arado o la azada, generalmente de madera, son sustituidos por otros de hierro.
Además desde el norte de la actual Francia y sur de Alemania se extiende un sistema de barbecho distinto que permite la rotación de suelos cada dos años de tres, en vez de uno de cada tres.
El aumento de la producción como consecuencia de las innovaciones supone ya en el siglo XI una reducción de las prestaciones personales de los siervos a sus señores en cuanto a horas de trabajo, sustituyéndose por el pago de una cuantía económica o en especie. Se reducen las tierras del señor y aumentan los arrendamientos. Al mismo tiempo, los campesinos aumentan sus rentas disponibles y ganan en independencia.
Se incrementa el número de tierras roturadas y comienza el periodo de eliminación de los bosques europeos, drenaje de las tierras empantanadas, la extensión de los terrenos arados lejos de las aldeas y la construcción dispersa de casas campesinas. Las mejores tierras atraen a una mayor masa de población y se producen migraciones en todo el centro de Europa. El crecimiento poblacional es notable a partir del 1050, llegándose a duplicar la población de Inglaterra en 150 años y se triplicará hacia el final de la Edad Media. En el siglo XI las hambrunas han desaparecido.
A partir del siglo XII la existencia de excedentes incrementa el comercio más allá de las fronteras del señorío. Las actividades comerciales permiten que surja una incipiente burguesía, los mercaderes, que debe realizar su trabajo pagando igualmente una parte de sus beneficios en forma de tributos a los señores, que a su vez incrementan con ello sus recursos. Las rutas de peregrinaje son los nuevos caminos por donde se abre el comercio. Roma, Jerusalén o Santiago de Compostela son los destinos pero las comunidades situadas en sus vías de acceso florecen. Las ciudades, burgos, son al mismo tiempo espacios de defensa y de comercio conforme avanza el tiempo y se va gestando una nueva sociedad que despegará en los siglos XIII y XIV.
Caída del feudalismo
A partir del siglo XIII, la mejora de las técnicas agrícolas y el consiguiente incremento del comercio hizo que la burguesía fuera presionando para que se facilitara la apertura económica de los espacios cerrados de las urbes, se redujeran los tributos de portazgo y se garantizaran formas de comercio seguro y una centralización de la administración de justicia e igualdad de las normas en amplios territorios que les permitieran desarrollar su trabajo, al tiempo que garantías de que los que vulnerasen dichas normas serían castigados con igual dureza en los distintos territorios.
Aquellas ciudades que abrían las puertas al comercio y a una mayor libertad de circulación, veían incrementar la riqueza y prosperidad de sus habitantes y las del señor, por lo que con reticencias pero de manera firme se fue diluyendo el modelo. Las alianzas entre señores eran más comunes, no ya tanto para la guerra, como para permitir el desarrollo económico de sus respectivos territorios, y el rey fue el elemento aglutinador de esas alianzas.
Bibliografía
• Balari i Jovany, Josep. Orígenes históricos de Cataluña Edic. Facsimil 2001. Universidad de Alicante. Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.
• Bloch, Marc. (1961) 1987. La sociedad feudal. Editorial Akal, Madrid.
• Ganshof, François-Lois. (1964) 1985. Feudalismo. Ariel, Barcelona.
• Guerreau, Alain. (2001) 2002. El futuro de un passado. Critíca, Barcelona.
Notas
1. ↑ Definición en el Diccionario Soviético de filosofía. Ediciones Pueblos Unidos, Montevideo 1965.
2. ↑ Quien jure fidelidad a su señor debe tener siempre presente las seis palabras siguientes: incolume, tutum, honestum, utile, facile, possibile. Sano y salvo para que no cause daño alguno al cuerpo de su señor. Seguro, para que no perjudique a su señor revelando su secreto o entregando las plazas fuertes que garantizan su seguridad. Honesto, para que no atente a los derechos de su señor o bien a otras prerrogativas insertas en lo que considera su honor. Útil, para que no dañe sus posesiones. Fácil y posible, para que no haga difícil a su señor el bien que podría hacer fácilmente, y a fin de que no haga imposible lo que hubiese sido posible a su señor. Es justo que el vasallo se abstenga de este modo de perjudicar a su señor. Pero con sólo ésto no se hace digno de su feudo, pues no basta con abstenerse de hacer el mal, sino que es necesario hacer el bien. Importa, pues, que en los seis aspectos indicados proporcione fielmente a su señor consilium et auxilium, si quiere aparecer como digno de su beneficio y probar la fidelidad jurada. También el señor debe, en todos sus dominios, pagar con la misma moneda al que le juró fidelidad. Si no lo hiciere sería considerado de mala fe con pleno derecho, al igual que el vasallo que fuese sorprendido faltando a sus deberes, por acción o por omisión, sería culpable de perfidia y perjurio. Carta de Fulberto de Chartres a Guillermo, Duque de Aquitania (h. 1020) en Ganshof, F.L., El Feudalismo, op. cit.

17 de mayo de 2009

Los inicios de la humanidad y el desarrollo de las primeras civilizaciones


Capítulo I
Los inicios de la humanidad y el desarrollo de las primeras civilizaciones

1. El período paleolítico

El período paleolítico es el más extenso en la historia de la humanidad. Su nombre significa “piedra antigua” y hace alusión al trabajo de la talla de la piedra. Este período es tan extenso que si estimáramos su duración mediante porcentaje, representaría más del 90% de todo el tiempo que ha tenido la humanidad sobre el planeta. Durante este período inicial de la historia humana se desarrolla un proceso muy distintivo denominado proceso de hominización, mediante el cual algunos primates sufren cambios lentos pero sostenidos, evolucionando físicamente, así como mentalmente, llegando a conformar nuestra actual especie humana, el Homo sapiens sapiens. Dentro del plano de los cambios psicológicos, también tenemos que incluir la complejización del pensamiento y el desarrollo del llamado “pensamiento abstracto”, seguido del desarrollo de la cultura. En efecto, la capacidad creadora y transformadora humana se debe al desarrollo de la cultura, un rasgo fundamentalmente humanizador. El hombre tiene como característica fundamental su capacidad de transformar su entorno para mejorar sus posibilidades de vida, esto es, hacer más cómoda su subsistencia.

La cultura transforma la realidad puramente biológica del hombre, transformándolo en un ser complejo que construye su propia realidad. La cultura no es solo el extenso mundo de creaciones materiales que rodea cotidianamente a hombres y mujeres, también son las ideas sobre la vida, el más allá, las explicaciones sobre el origen del mundo, y las formulaciones religiosas que surgen para explicarse el origen del mundo. En este período el ser humano comenzó a construir sus propias herramientas, a elaborar viviendas para protegerse del clima adverso, a manipular el fuego tanto para calefaccionarse, obtener seguridad de otros animales y elaborar su comida. Grupos de piedras y huesos encontrados en las excavaciones del Cañón de Olduvai en Tanzania sugieren que hace alrededor de 2 millones de años los primeros humanos ya se agrupaban en centros donde cazaban, fabricaban instrumentos, se alimentaban y construían quizás los primeros refugios del mundo.
Las herramientas que se han descubierto por la labor de la arqueología son las elaboradas en piedras. Ellas se denominan herramientas líticas, sin embargo, también se elaboraron en hueso y madera. También surgió el arte en la mente del hombre, el que se plasmó en la elaboración de herramientas mejor elaboradas y pinturas coloridas, de gran realismo que representaban el mundo natural, que se plasmaron en el interior en profundas cavernas por toda Europa. Estas pinturas nos hablan de las costumbres y creencias de los seres humanos de la prehistoria.

El ser humano tiene como predecesor la especie de homos, constituía por antropoides, algunos muy parecidos a los simios actuales. Pero sus distinciones fueron muy significativas. Un rasgo fundamental en este proceso de hominización es el desarrollo de la vida social, y de modo particular, el desarrollo de la vida familiar. En efecto, hombre y mujeres desarrollaron una profunda comunión en torno al logro de la subsistencia de sus hijos. El principal esfuerzo de los integrantes de la especie homo se orientaba al cuidado de los niños, y se cree que el desarrollo de la cultura se debe a que se utilizó como herramienta para mejorar las expectativas de subsistencia de los niños. La comunicación de la comunidad, así como la enseñanza de experiencias terminó por contribuir al desarrollo de la humanidad.

Casi en el período final del desarrollo de la humanidad, en la etapa más tardía del paleolítico, el clima sufrió grandes transformaciones producto de cambios a nivel planetario, desarrollándose períodos más fríos que hicieron que extensas zonas continentales se cubrieran de hielo de miles de metros de grosor. Eran las glaciaciones, períodos intercalados con condiciones de mejora o “óptimo climático”, de temperaturas cálidas. Fueron los cambios climáticos y las condiciones que presentaban la fauna y la flora los que exigieron a la humanidad adaptarse al medio ambiente con el fin de lograr su subsistencia.

1.1 La cultura como atributo humanizador.

La formación del hombre desde seres antropoides se denomina proceso de hominización, y se estima que sus orígenes se remonta al menos hace 4 millones de años atrás, en medio de las planicies de África Centro-oriental, desde donde la presencia de estos homínidos se extendió al resto del continente africano, Medio Oriente, Asía, Oceanía y Europa. Las diversas especies de homínidos que protagonizaron el proceso de evolución adquirieron diversas cualidades humanas como la vida social, la división sexual del trabajo y la dedicación especial que le asignaban al cuidado de los niños. Pero este proceso también fue físico, implicando profundas transformaciones en el cuerpo de estos seres. Entre los rasgos distintivos del proceso de hominización podemos destacar:

• El desarrollo de la bipedia, es decir, pararse y caminar sobre los pies, liberando los brazos con el fin de utilizarlos para obtener alimentos y manipular objetos.
• Desarrollo de las habilidades de movimiento de la mano, además del movimiento rotatorio y de oposición del dedo pulgar sobre los demás dedos de la mano, lo que permite al ser humano pender objetos y manipularlos de modo eficiente.
• El aumento progresivo de la capacidad craneana, es decir, el aumento del tamaño del cerebro y de su complejidad neurológica, lo que se traduce en el aumento de su desarrollo intelectual y de su cognición (capacidad de aprender).
• La progresiva disminución del tamaño del rostro de los antropoides, y consecuentemente, el achicamiento de la musculatura facial que hace posible la masticación. El desarrollo cerebral también se concreta con el surgimiento del lenguaje.

Los cambios físicos en el ser humano permitieron mejorar sus expectativas de vida y adquirir más y mejores habilidades para transformarse en diestros cazadores. Junto a este proceso, estas transformaciones dieron paso al desarrollo de las capacidades creadoras humanas en el campo de la cultura, ya que nuestros ancestros crearon diversas técnicas para elaborar herramientas cada vez más eficientes para obtener los recursos de la naturaleza necesarios para su subsistencia. El desarrollo de diferentes tecnologías de caza mejoró sustantivamente las posibilidades de vida de hombres y mujeres. Por ejemplo, disponer de lanzas elaboradas en madera, así como herramientas hechas de piedra, amplificó enormemente las capacidades humanas, permitiéndoles a más presas que, sin estas armas, no habrían conseguido. La vida social de los cazadores también se intensifica. Se hace cada vez más necesario el trabajo mancomunado, tomando más relevancia la idea del bien común dentro de los grupos. Se cree que el uso de tecnologías y mejores estrategias para trabajar colectivamente remplazaron lentamente el uso intensivo de la fuerza, sin embargo, las herramientas creadas por el hombre extendieron sus capacidades y amplificaron su poder. Ya en el período del Paleolítico superior se incorporaron nuevas armas de caza como arco y la flecha, las que se difundieron rápidamente por su gran eficacia.


1.2 Formas de vida

Las diferentes especies de homínidos que protagonizaron el proceso de la evolución correspondieron a sociedades organizadas en torno a la caza de animales y la recolección de vegetales, por lo que se les denomina cazadores-recolectores. Constituían sociedades nómades, organizadas como bandas, integradas por diversos grupos familiares en cantidades fluctuantes entre 20 y 40 personas. Su organización se determinaba por la actividad económica que desarrollaran para asegurar su subsistencia. Algunos se dedicaron a la caza-recolección terrestre, otros a la caza-recolección en el área litoral, incursionando en la pesca. Los más destacados cazadores son aquellos que vivieron en el período paleolítico superior y que debieron enfrentar condiciones climáticas bastante adversas, ya que se habían desencadenado los procesos de glaciación. Eran cazadores de grandes mamíferos, hoy extintos, como el mamut, bisontes y venados de descomunales cornamentas. Su instrumental era muy sofisticado, ya que poseían lanzas de madera aguzada en uno de sus extremos, además de hachas elaboras e sílex (piedra o cristal volcánico) tallado. Inicialmente en la prehistoria, las primeras herramientas en piedra labrada (también llamadas herramientas líticas) eran piedras a las cuales se les habían desprendido algunas esquirlas a base de golpes, llamas chopper. Luego, la técnica lítica se fue perfeccionando llegando a elaborarse hachas líticas trabajadas en ambas caras llamadas bifases o hachas bifaciales, las que fueron usadas por más de 2 millones de años, producto de su gran eficiencia. Ya en el paleolítico superior las hachas bifaciales fueron acompañadas de herramientas más sofisticadas y de menor tamaño.

Las bandas paleolíticas de cazadores recolectores se organizaron según edad y sexo de sus integrantes. Se distinguieron por la división sexual del trabajo ya que los hombres se dedicaban a la caza o a la pesca y las mujeres se dedicaban al cuidado de los niños, la recolección de semillas y frutos silvestres, la llamada “caza menor” de aves y animales pequeños, y la preparación de alimentos. Los hombres, por su parte, también debieron dominar las técnicas de elaboración del instrumental de caza, y las mujeres se dedicaron la compleja preparación de las pieles de animales para su uso en la vestimenta. Estas bandas elaboraban viviendas ligeras, hechas de madera y cuero. Solo con la llegada de la etapa de las glaciaciones, los seres humanos comenzaron a habitar en profundas cavernas.
La vida de los homínidos se transformó fundamentalmente por un descubrimiento: el fuego. Su uso permitió obtener calefacción, lo que mejorar sustancialmente su calidad de vida mejorando sus posibilidades de evitar enfermedades que sobrevenían por el frío. Además obtuvieron seguridad de sus depredadores, y un medio para elaborar alimentos que contribuían a mejorar su salud. La vivienda y la vida social se organizaban en torno al fuego. Se cree que el fuego contribuyó al desarrollo mental de la humanidad mediante millones de años de contemplación del fascinante proceso de combustión de la madera.



1.3 El desarrollo cultural de los homínidos

La vida de los hombres en la prehistoria, así como sus creaciones culturales, estaban organizadas por su preocupación permanente por mejorar su sobrevivencia, así como entender los fenómenos de la vida y la muerte. Es en el período del paleolítico superior, hace alrededor de unos 50.000 años, cuando esas preocupaciones esenciales generan prácticas de orden religioso y artístico.

Surge el arte de este período, expresado en pinturas rupestres (pintura en piedra) y en esculturas o arte mobiliar (o arte transportable). También se desarrollaron ritos funerarios como entierros de los difuntos, junto a objetos entregados como ofrendas funerarias que hacen alusión a la creencia de una vida en el más allá. En los entierros prehistóricos se han descubierto ofrendas de flores, collares elaborados de conchas de caracoles, instrumentos de piedra y abundante uso de pintura roja con la que se coloreaba el cuerpo del difunto. El arte cavernario, surge en el Paleolítico Superior, y es la última expresión del desarrollo del pensamiento complejo (abstracto) en el ser humano. Se representa en las paredes de las cavernas escenas de la vida natural; diversas escenas de animales representados realistamente y de modo artístico, utilizando bellos colores. Se piensa que estas pinturas representan un culto a la naturaleza o la fertilidad. Este arte se extiende hasta los límites nuevo período de la prehistoria humana para desaparecer del: el neolítico.

1.4. La evolución de los homínidos

Hace unos 3,5 millones de años, el intenso frío de la edad de hielo había acumulado gran cantidad de agua en forma de hielo, de manera que disminuyeron las lluvias por todo el mundo, y las praderas tropicales se extendieron a expensas de la reducción de los bosques. En África, los grandes rumiantes y otros animales adaptados a la vida de la sabana ahora se multiplicaron, mientras los animales de bosques sufrían pérdidas en su espacio vital.
Configuradas de manera incompleta para la vida arborícola, ciertas criaturas derivadas de los driopitecinos llegaron a adaptarse a la vida en campo abierto. Estos “hombres- mono” fueron los Australopithecus.
La hominización –base de la humanidad- al parecer desarrolló un complejo de cambios que se reforzaban entre sí, algunos vistos en descubrimientos fósiles y arqueológicos, otros simplemente deducidos.

Australopithecus Afarensis

El australopithecus afarensis fue encontrado en 1974, en Hadar, en el norte de Etiopía, por el antropólogo Donald Johanson. Sus primeros restos fueron denominados como "Lucy", y fue llamada así debido a la canción de The Beatles "Lucy in the sky with diamonds". Tras las dataciones, la especie resultó ser bastante antigua, datándose entre 3.5 y 2.8 millones de años antes del presente, siendo así la especie más antigua conocida que es con gran certeza antecesora del hombre. La especie era bípeda, sin embargo era diferente de nosotros en bastantes aspectos, como por ejemplo, sus piernas eran proporcionalmente más largas en comparación con los brazos. Asimismo, a partir del largo y de la ligera curvatura de sus manos y pies, que tenían cierta actividad arbórea, como dormir en los árboles, por seguridad, u obtener comida de ellos. Tenían caras grandes, que se proyectaban por delante del cráneo. La especie presenta un alto grado de dimorfismo sexual. Los machos medían alrededor de 1,50 metros y pesaban más de cincuenta kilos. Las hembras medían alrededor de treinta centímetros menos, y pesaban cerca de treinta kilos. Antes de extinguirse hace aproximadamente 2,5 millones de años, el afarensis casi con certeza dio lugar directa o indirectamente a otros australopitecinos y a nuestro género, homo.

Australopithecus Africanus

El primer descubrimiento de los australopitecos se produjo en África del Sur, y lo constituía un cráneo infantil procedente de unas minas en la localidad de Taung, cuyo estudio realizó Raimont Dart en 1924. La cronología es difícil de determinar, situándose como probable los 2 millones de años. Las características de A. africanus, también denominados A. gracilis por oposición al A. robustus, se basan en una capacidad craneana de 430 a 520 centímetros cúbicos, con una media de 440 centímetros cúbicos, un 10 por 100 más que en el A. afarensis. Era bípedo pero también un ágil trepador de árboles. El peso y la altura estimada recientemente para individuos adultos se encontraría entre los 33 y los 67 kilos y su estatura media oscilaría alrededor del 1,45 metros.
Los expertos no se ponen de acuerdo sobre su posible modo de vida. El diseño de los dientes y las mandíbulas sugieren que masticaba plantas, pero también podría haber carroñeado. Se discute su capacidad para fabricar instrumentos: la mayoría de los “instrumentos” de hueso encontrados cerca de los fósiles de africanus han probado ser restos de comidas consumidas por hienas u otros carnívoros.

Australopithecus Robustus

Llamado en algún momento Paranthropus (al lado del hombre), este “mono sureño robusto” fue en conjunto más grande y más fuertemente construido que el Australopithecus africanus.
Con una estatura de alrededor de 1,60 m. el robustus era tan alto como mucha mujeres occidentales, pero más ligero que la mayoría, con 50 kg. de peso. En comparación con el africanus tenía un cráneo más grande, de 500 cc., y la cara fue considerablemente más grande y ancha en relación con la caja craneana. Una alta cresta central en el cráneo servía de inserción a los poderosos músculos de las enormes mandíbulas.
Al parecer, robustus se desarrollo hace 2,5 millones de años, puede ser que a partir del afarensis o del africanus. Aparentemente la especie desapareció hace alrededor de 1,5 millones de años. Antes de ello, probablemente dio lugar al boisei, aunque muchos expertos lo identifican con esta especie. La comparación del cráneo ha llevado a algunos autores a sugerir que el robustus fue ancestral al gorila.

Homo Habilis

Homo Habilis es el primer representante del género Homo (el nuestro). Habilis no era muy diferente del Australopithecus Africanus, tenía una capacidad craneal media de unos 600 centímetros cúbicos y era quizá un poco más pequeño que los Australopithecus. Los restos fósiles encontrados por el matrimonio Leakey, en 1959, en las gargantas de Olduvai (Tanzania) revelan que eran individuos de unos 140 cm de altura, con una capacidad craneal de unos 600 cm3 de promedio y un esqueleto con rasgos anatómicos más modernos que los de los australopitecos y con piezas dentarias más pequeñas.

El nombre asignado a esta especie (habilis) hace referencia al hecho de que estos humanos son los primeros talladores que tenían la capacidad técnica para fabricar utensilios. Fabrican las primeras herramientas de piedra y son cantos rodados y piedras talladas toscamente por una cara (choppers) o por dos (chopping tools). Los análisis al microscopio electrónico de las muescas de desgaste de la dentadura, junto con otras evidencias indirectas, muestran que su dieta incluía la carne, sin embargo no podemos decir que fueran todavía cazadores, practicaban más bien una actividad de carroñeo. Probablemente solían aprovechar el tuétano de los huesos procedentes de los despojos de la caza de otros depredadores. Los cantos tallados serían utilizados para fracturar el hueso y extraer el tuétano. También utilizarían los instrumentos de piedra para cortar plantas y triturar ciertos productos vegetales duros.


Homo Erectus

El descubrimiento de útiles o herramientas fosilizadas y esqueletos de grandes mamíferos cerca de los fósiles de Homo erectus (hombre erguido) sugiere que estos ancestros humanos llevaron una existencia más compleja que las especies anteriores. A pesar de que su estructura anatómica se parece a la de los seres humanos actuales, los antropólogos han encontrado que el cerebro humano sufrió muchos cambios durante la evolución de una especie a otra.

Los Homo erectus son los primeros viajeros, ya que se movilizaron desde África al Oriente, dispersándose por Asia Menor y el Próximo Oriente, llegando por el norte hasta España y por el oriente hasta China y la isla de Java (Indonesia). En Europa los fósiles más antiguos de Homo erectus son los del sitio de Atapuerca, cerca de Burgos, que tienen 800.000 años. Los Homo erectus más antiguos de Europa Central se han encontrado en Georgia, donde vivían hace 1,6 millones de años. (La localidad de Dmanisi, donde se han encontrado estos fósiles, está cerca del límite generalmente reconocido entre Europa y Asia).

Además de fabricar hachas de mano de piedra, el Homo erectus también dejó los primeros restos de viviendas construidas, de objetos de madera tallada, la primera lanza de madera y el recipiente más primitivo, un cuenco de madera. Pero su mayor avance cultural fue que aprendió a manejar el fuego. Se han encontrado los primeros indicios de su utilización en China, hace 300 mil años y se atribuyen al "hombre de Pekín", una versión del Homo erectus.

Homo Antecessor

800.000 años atrás en el tiempo, una especie común a los neandertales y a los homo sapiens vivía en la Sierra de Atapuerca (Burgos). Homo antecessor salió a la luz en 1997. La mayoría de los restos humanos de Atapuerca se encuentran en un estado de conservación excelente, pero corresponden en general a fragmentos de tamaño variable. Esta fragmentación, así como otros caracteres de los restos (marcas de corte, golpes producidos por instrumentos líticos, tipos de fractura, etc.), que también se observan en los restos fósiles de los ungulados, representan evidencias muy claras de un acto de canibalismo.

Las connotaciones en el árbol de los homínidos provocadas por este hallazgo han sido muy importantes. Esta especie demostró que en Europa ya vivían seres humanos hace más de 800.000 años, mucho antes de lo que se pensaba. Su morfología revolucionó la idea que se tenía hasta ese momento de la evolución de nuestra especie. Su capacidad craneal era elevada (más de 1.000 cc.) y poseía una cara muy moderna, es decir, esta especie sufrió una reestructuración total del neurocráneo, la mandíbula, los dientes y la cara, es totalmente diferente a todo lo anterior.

Homo Sapiens Neanderthalensis

El homo sapiens neanderthalensis toma su nombre de los fósiles encontrados en el valle de Neander, cerca de Dusseldorf, Alemania.
Los neandertales eran más bajos que nosotros, pero tenían una musculatura extremadamente fuerte. Sus esqueletos eran masivos, y tienen prominentes marcas musculares. Su anatomía en general está hecha para el territorio no muy agradable en el que vivían. Incluso los niños eran más musculosos que los niños actuales. La característica facial que más llama la atención es su nariz, que es grande y bulbosa. Esta adaptación les servía para calentar y humidificar el aire que inhalaban, y para perder calor con el que exhalaban, protegiéndose así de sufrir de sobrecalentamiento.
Los neandertales elaboraron instrumentos de piedra especializados y finamente retocados, sus instrumentos de denominan musterienses.
La fauna que acompañaba a los neandertales era bastante rica, y un poco extraña para lo que uno pensaría. Por ejemplo, había mamuts, rinocerontes lanudos, hienas, leones, y toda clase de animales que uno asociaría con África, en versiones adaptadas a climas fríos. También habían especies gigantes de venados y osos. La flora alternaba entre la típica de la tundra, cuando la temperatura promedio era baja, y los bosques, en los periodos en que el clima se hacía más agradable.


Homo Sapiens

Podemos suponer que nuestra especie, Homo sapiens, se originó en algún lugar de África hace alrededor de 150.000 años. Especies más arcaicas parecen haber continuado durante un tiempo. La especie se expandió relativamente lento, llegando a Australia hace 40.000 años. En Europa, la especie parece haber entrado más lentamente, entre 40.000 y 35.000 años, por España y por el este. Las herramientas de nuestra especie se asocian en cuatro periodos. El primero de ellos es el Auriñaciense, que apareció hace 40.000 años y persistió hasta hace 28.000, está marcado por una explosión de creatividad. Aparecen el arte, la decoración de objetos, la decoración personal, la música (en forma de instrumentos). Este periodo es seguido por el Gravetiano, entre los 28.000 y los 22.000 o 18.000 años. Es aquí cuando aparecen las agujas de coser, aparte de cuchillos más pequeños y afilados. Seguidamente aparece el Solutreano, entre los 22.000 y los 18.000 años. Este periodo se caracteriza por los cuchillos "hoja de laurel", llamados así por su forma. Algunos de estos cuchillos son tan delgados y delicados que no es posible imaginar que hayan tenido un uso práctico.


Cronología del Período de la Prehistoria

Paleolítico Inferior
4.000.000 - 2.000.000 a. de C.
• Australopitecus
2.000.000 - 1.500.000 a. de C.
• Homo Habilis
Primeras construcciones de viviendas
Primeras herramientas de piedra.
1.500.000 - 200.000. a. de C.
• Homo Erectus
Utilización del fuego
Perfeccionamiento de las herramientas
Paleolítico Medio
200.000 - 100.000 a. de C.
• Homo sapiens neanderthalensis
Primeros entierros
Primeras esculturas
Primeras manifestaciones artísticas naturalistas
Paleolítico Superior
100.000 - 10.000.000 a. de C.
• Homo sapiens sapiens: Cromagnon
Creación del anzuelo, el arpón, el arco y flecha, y la lanzadera
Desarrollo del arte en las cavernas o arte parietal (arte en paredes)




parantropus boisei – australopithecus

cráneo de homo habilis

cráneo de homo erectus

craneo de neanderthal

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Claudio Villarroel Vidal cvillarroelvidal@gmail.com Deja tu comentario u aporte.